martes, 3 de octubre de 2017

Una propuesta

Acabo de escribir esto en un mensaje de Facebook:

   

 "Estimados todos: He reflexionado un poco. La situación en Espanya es grave (tecleo Espanya sin enye porque escribo desde un ordenador con teclado húngaro y aquí no existe la enye). Yo no soy muy nacionalista ni patriota. Me tocó ser espanyol porque nací en Espanya. Eso es todo lo que puedo decir al respecto. Es cierto que le tengo carinyo a mi tierra, pero si hubiera nacido en, pongamos, Corea del Norte, estoy seguro de que también le tendría mucho carinyo a aquella tierra y ni siquiera sabría localizar en un mapa Espanya o Catalunya. El caso es que propongo lo siguiente: Por qué no nos hacemos todos catalanes? Quiero decir: Sustituimos la palabra "Espanya" por la palabra "Catalunya" en todas nuestras disposiciones legales, y pasamos de llamarnos "espanyoles" a "catalanes". Yo no tendría ningún problema en el cambio de terminología, porque, a fin de cuentas, se trata tan solo de palabras (lo importante es que todos somos seres humanos), y estoy convencido de que hay una proporción aproximadamente igual de catalanes buenos y malos como de espanyoles buenos y malos. Y todos saldríamos contentos. Los catalanes seguirían siendo catalanes, y todos seguiríamos estando unidos. Después de todo, las banderas en liza no son muy diferentes entre sí... Y no tendría ningún inconveniente en aprender catalán, por supuesto (me gusta aprender idiomas). Es sólo una idea..."

jueves, 22 de junio de 2017

El capítulo 5



He leído “La Sociedad Gaseosa”, de Alberto Royo. Como en su libro anterior, la lectura es amena y los argumentos razonables y claros. Sin embargo, voy a centrarme en su capítulo 5, que considero de especial interés porque tengo la sensación de que en él se oculta una especie de contradicción (o al menos eso me parece), y que en esta contradicción reside una de las claves que explican lo difícil que es montar un sistema educativo que satisfaga a todos.

El capítulo se inicia con una discusión sobre el papel de la divulgación, de cómo hacer llegar al amplio público conocimientos sobre temas que encierran a menudo una complejidad difícil de transmitir, y que hacen que a menudo la divulgación falsee su discurso al ocultar estas dificultades y hacer parecer todo sencillo y ligero. La alta cultura (podemos estar hablando de arte, ciencia o técnica) sin duda requiere para ser apreciada en profundidad de un adiestramiento que lleva tiempo y esfuerzo, y que no todos están dispuestos a dedicar.

En relación con esto, Alberto cita a Arturo Pérez Reverte, con el que parece estar de acuerdo cuando afirma que “La cultura siempre ha sido de élite. “Popular” está en contradicción con “cultura”. Lo que sí hay que procurar es que lo popular tenga los cauces de acceso a la cultura absolutamente fluidos y limpios. Que nadie se quede atrás ni por economía, ni por sociedad, ni por nacimiento ni por raza ni por nada, pero que acceda quienquiera a la cultura.” Yo también comparto estas ideas.

Más adelante, entramos en el terreno de la educación y Alberto afirma que debemos “... asumir el reto de la enseñanza sin renunciar a que puedan llegar a disfrutar de la alta cultura, sin pensar que no la merecen o que no están hechos para ella. Eso es para mí ser profesor: desear que nuestros alumnos comprendan y se emocionen con lo que a nosotros nos parece valioso”.

Y aquí es donde empiezo a sentirme un poco contrariado. Si estuviéramos hablando de educación primaria no tendría absolutamente nada que alegar. Pero si nos movemos en el terreno de la educación secundaria obligatoria (que es la que Alberto y yo mismo mejor conocemos y que está destinada a todos los jóvenes de nuestro país), estamos hablando de adolescentes que ya no son niños que tienen todo por descubrir, sino que ya muestran una serie de intereses, aptitudes, gustos, etc… que los van acercando a una inclinación predominante, o bien hacia lo “popular”, o bien hacia lo “culto”. Y si bien puede ser muy noble (que lo es) “...desear que nuestros alumnos comprendan y se emocionen con lo que a nosotros nos parece valioso”, eso no implica necesariamente que ese deseo se convierta en hecho, y en algunos casos, si la disparidad entre el deseo del profesor y la realidad del aula es enorme, se pueden romper los cauces de comunicación que hacen posible la enseñanza.

En resumen, no me queda claro cuál de las dos opciones siguientes defiende Alberto: 
  • Siempre la alta cultura es una cosa apreciada por una élite o minoría; no es una cosa para todos.
  • Se puede despertar el interés por la alta cultura a cualquiera (que es lo que uno encuentra en nuestras aulas, a cualquier alumno, dicho en el mejor sentido de la palabra). 
Creo que defender una opción u otra lleva a conclusiones muy distintas a la hora de organizar un sistema educativo, y que no es tema baladí. (Y creo, estimado Alberto, que el asunto de cómo debería ser nuestro sistema educativo podría ser un gran tema para tu próximo libro.)

martes, 23 de mayo de 2017

La estupidez

Después de los acontecimientos que se están produciendo en diversas partes del mundo (incluida por supuesto España), no cabe duda que la estupidez parece llevar ventaja en los últimos tiempos...


Que Dios (o quien sea) nos asista...

domingo, 4 de diciembre de 2016

Pruebas estándar (2)

Aquí abajo una muestra de las pruebas estándar de Matemáticas para Bachillerato (en español) en Hungría. Hay dos opciones: Nivel intermedio y nivel avanzado.

Nivel intermedio (2016):
http://www.oktatas.hu/bin/content/dload/erettsegi/feladatok_2016tavasz_kozep/k_matspa_16maj_fl.pdf

Nivel avanzado (2016):
http://www.oktatas.hu/bin/content/dload/erettsegi/feladatok_2016tavasz_emelt/e_matspa_16maj_fl.pdf

Más pruebas estándar de otras materias aquí:

http://www.oktatas.hu/kozneveles/erettsegi/feladatsorok


domingo, 3 de julio de 2016

Un texto de Cortázar

Más sobre escaleras - Julio Cortázar

"En un lugar de la bibliografí­a del que no quiero acordarme se explicó alguna vez que hay escaleras para subir y escaleras para bajar; lo que no se dijo entonces es que también puede haber escaleras para ir hacia atrás. Los usuarios de estos útiles artefactos comprenderán sin excesivo esfuerzo que cualquier escalera va hacia atrás si uno la sube de espaldas, pero lo que en estos casos está por verse es el resultado de tan insólito proceso. Hágase la prueba con cualquier escalera exterior; vencido el primer sentimiento de incomodidad e incluso de vértigo, se descubrirá a cada peldaño un nuevo ámbito que si bien forma parte del ámbito del peldaño precedente, al mismo tiempo lo corrige, lo critica y lo ensancha. Piénsese que muy poco antes, la última vez que se habí­a trepado en la forma usual por esa escalera, el mundo de atrás quedaba abolido por la escalera misma, su hipnótica sucesión de peldaños; en cambio bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardí­n salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la turca, estalle en los álamos del cementerio, y con un poco de suerte llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado. ¿Y el cielo, y las nubes? Cuéntelas cuando esté en lo más alto, bébase el cielo que le cae en plena cara desde su inmenso embudo. A lo mejor después, cuando gire en redondo y entre en el piso alto de su casa, en su vida doméstica y diaria, comprenderá que también allí­ habí­a que mirar muchas cosas en esa forma, que también en una boca, un amor, una novela, había que subir hacia atrás. Pero tenga cuidado, es fácil tropezar y caerse; hay cosas que sólo se dejan ver mientras se sube hacia atrás y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto; obstinadas en su nivel y en su máscara se vengan cruelmente del que sube de espaldas para ver lo otro, el campito de los Peñaloza o los álamos del cementerio. Cuidado con esa silla; cuidado con esa mujer."